Momento del envío de un resguardo al gobernante de Cuba Miguel Díaz-Canel | Foto © Twitter / Quijote Sancho Sennin
Momento del envío de un resguardo al gobernante de Cuba Miguel Díaz-Canel | Foto © Twitter / Quijote Sancho Sennin

Brujería y castrismo, dos compañeros de lucha


Publicado el Jueves, 11 Julio, 2019 - 09:38 (GMT-4)


El reciente envío de un Mpaka de brujeros de Santiago de Cuba al gobernante Miguel Díaz-Canel Bermúdez confirma la continuidad de las buenas relaciones entre castrismo y muchos practicantes de la Regla de Ocha, que ha servido para perfilar el esquema represivo, generar ingresos en moneda dura y contrarrestar el peso de la Iglesia Católica.

La mayoría de los jefes, oficiales y soldados rebeldes eran católicos, como Fidel y Raúl Castro; y una minoría practicaba la Santería, como eran los casos de Juan Almeida Bosque, René Vallejo y Celia Sánchez Manduley.

Los vínculos entre religiones animistas africanas y mandatarios cubanos viene de lejos, el propio Fulgencio Batista Zaldívar, por citar el antecedente anterior a la actual dirigencia cubana, se consultaba con la santera Leocadia, que reposa en una de las tumbas más visitadas del Cementerio de Colón.

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Durante la lucha en la resistencia clandestina urbana, más de un revolucionario salvó la vida por descubrir su represor que compartían atributos y creencia religiosa, como fue el conocido caso de Natalia Bolívar; mientras que en la Sierra Maestra, los barbudos se adornaban con collares religiosos y portaban imágenes de santos y vírgenes.

Los miembros fundadores de la primera escolta del comandante en jefe, tras su llegada a La Habana, recuerdan con discreción la primera vez que extraviaron a su protegido y un sacerdote amigo avisó a Celia Sánchez con una discreta llamada de teléfono: Fidel está rezando en la iglesia de Reina, como llaman los cubanos al templo neogótico del Sagrado Corazón de Jesús y de San Ignacio de Loyola, en esa céntrica calle habanera.

La Contrainteligencia cubana (CI) creó un departamento especializado para “atender” a los Babalawos e Iyanifá (mujeres sacerdotisas) de la Regla de Ocha, dispuestos a colaborar con el régimen a cambio de tolerancia y algunas prebendas. Las prioridades represivas eran un plan de atentado a Fidel Castro, prioridad uno, conspiraciones contrarrevolucionarias y datos relevantes sobre las confesiones de dirigentes, especialmente en vísperas de viajes al extranjero y ascensos.

En paralelo, el Ministerio del Interior creó una empresa para gestionar los viajes a Cuba para hacerse santos de creyentes de Estados Unidos, Venezuela, Panamá, Colombia, España y otros países con ciudadanos que gustan de caminar pa'l chapeo.

Paradójicamente, el entonces presidente norteamericano George W. Bush contribuyó a las arcas de estos estafadores cubanos, cuando, en 2004, preservó el viaje religioso a Cuba como casi el único autorizado a norteamericanos, a lo que el Gobierno cubano respondió de inmediato con el establecimiento de una Visa Religiosa.

Un grupo de Babalawos e  Iyaonifas, en cambio, se han mantenido apartados de tales prácticas y han seguido venerando a sus Orishas sin concomitancias con el Gobierno y su estructura represiva, como ha hecho también la mayoría de paleros; pese al viejo nexo entre ellos y el antiguo Partido Socialista Popular (PSP), vía Aracelio Iglesias y sus compañeros de plante en el puerto de La Habana.

En paralelo a la recaudación de divisas y el acopio de información por parte de la CI, el otro objetivo primordial del castrismo fue contrarrestar a la Iglesia Católica, de enorme peso afectivo y de tradición familiar en la isla; en una época en que los encontronazos eran frecuentes y los católicos sufrieron cárcel, destierro y vigilancia revolucionaria permanente.

Tras la tregua alcanzada en 1980 por la combinación de la gestiones del Nuncio Vaticano Monseñor Zacchi, las visitas de la llamada Comunidad Cubana en el Exterior y la estampida de Mariel, el castrismo aflojó el alzacuellos sobre la Iglesia de Roma, pero ya había establecido la negritud como valor de identidad, incluida su religiosidad; pese a ser siempre un poder blanco y excluyente, como demuestran las cifras de los últimos censos de población; y pese a que reprimió sin miramientos los intentos del “black panthers” cubano y manifestaciones culturales pro negritud.

La Iglesia Católica, en cambio, conocedora de la maniobra del castrismo, abrió sus templos a santeros y creyentes de Ifá y asumió los polémicos caminos del sincretismo religioso, teoría ampliamente propalada por estudiosos e intelectuales orgánicos en busca de conferencias y cursos pagados en dólares y de congraciarse con el poder.

El empobrecimiento provocado por la dependencia cubana de la URSS derrumbada, llenó los templos católicos en busca de alivio espiritual y donaciones. Resultaba irónico ver a un pueblo, que había despreciado a los curas por maricones y otros insultos de amplio catálogo castrista; ahora se veía obligado a volver a donde fue bautizado, a veces discretamente, con la manita tendida.

Los diplobabalawos o santeros área dólar vieron incrementados sus emolumentos de forma exponencial y la emigración heterodoxa cubana de los 90 del siglo pasado, ya establecidos en Miami y otras playas con recursos financieros, coronaron la acumulación de capital pro Yuruba y Lukumí, agradeciendo su travesía en balsa o en el pájaro de acero hacia la libertad y la prosperidad.

La “Letra del Año” llegó a degradarse tanto para congraciarse con el poder, que acabó pareciendo un folleto del DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba) y provocó la escisión de la cúpula encargada de su ceremonia e interpretación.

Y ahora aparece, con un resguardo para Díaz-Canel, un grupo de santeros de Santiago de Cuba, tierra de Monseñor Pedro Meurice y el Padre José Conrado Rodríguez, coherentes en su verticalidad frente a la dictadura y contrarios a la grosera manipulación religiosa y sociocultural de un tema que pertenece a la intimidad de las personas.

Nada nuevo bajo el sol de esos manipuladores dolarizados que no solo han traicionado a sus Orishas de fundamento convirtiéndolos en milicianos de la búsqueda de dólares, sino que han contribuido a legitimar la pobreza permanente y la superstición como vía de escape. En su pecado, llevarán la penitencia.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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